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CONÓCENOS

PROQUILAB, S. A. nació en Cartagena (Murcia) en 1979, no por generación espontánea, sino por obra y gracia de su fundador, Feliciano Ortiz Cuenca, quien desde los años 70 del siglo pasado compaginó su trabajo en el laboratorio de la Empresa Nacional de Fertilizantes en el Valle de Escombreras con la venta de diversos suministros para los laboratorios de la industria química que se instalaba en la zona.

De la mano de un socio comenzó la andadura de distribuir productos químicos e instrumental desde un pequeño almacén y oficina en el barrio de Los Dolores de Cartagena. Y, como quiera que era algo que hacía falta, y gracias al tesón del susodicho, salieron más clientes: empresas, universidades, centros de investigación públicos, hospitales… Y de más sitios: ya no eran clientes sólo de Cartagena, sino de todo el Sureste de España y de aún más lejos. Aquellos locales se quedaron pequeños y la aún no nacida empresa se trasladó al barrio de la Concepción, con un almacén más grande, oficinas y vehículos de reparto. Y, claro, también más personal: administrativos, comerciales-repartidores y almacenero.

El negocio prosperó y hubo de dársele forma de sociedad anónima para adecuarla al volumen que adquiría. Ello ocurrió en 1979 bajo el nombre de Productos Químicos Laboratorios, S. A. (PROQUILAB, S. A.). También por aquellas fechas se le dotó de una imagen corporativa, la misma que luce hoy. Pronto pasó a ser propiedad exclusiva de su socio fundador, Feliciano Ortiz, y diez años después se trasladó al polígono industrial Cabezo Beaza, de Cartagena, donde hoy se ubica y aún hoy, aunque jubilado, el fundador acude a su despacho y supervisa la marcha. Cuarenta años después de su inscripción en el registro mercantil, el objeto de PROQUILAB sigue siendo el mismo: servir a los laboratorios químicos de la zona de cuanto pudieran necesitar. Pero con el saber y la experiencia atesorada durante todos esos años.

Y aquí seguiremos, mientras contemos con la confianza de proveedores y clientes. Que, como dice el tango, “veinte años no es nada”. Y cuarenta, que son el doble, han pasado volando.

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